viernes, 7 de agosto de 2015

ENCUENTRO INOLVIDABLE


Hace unos meses, escuché hablar de un proyecto de encuentro de las Escuelas de Evangelización San Andrés con el Papa Francisco. Mi curiosidad despertó, y a medida que se precisaban los detalles, supe que habría una audiencia privada con el Papa. En este momento, dos preguntas rondaban en mi cabeza: ¿haría parte de los participantes de este encuentro y, si iba a Roma, encontraría al Papa? Mi lógica me hablaba pero también el corazón y, animada por las personas que me rodean – a pesar de unas dudas –, me lancé en esta loca aventura de participar en esta audiencia privada en el Vaticano para los miembros del Consejo Internacional del las Escuelas de Evangelización San Andrés.
¡Qué suerte increíble! Imagínense, ¡una audiencia privada con el Santo Padre! Pero debo ante todo organizar las cosas: pedir los permisos en el trabajo, organizar el viaje, boletos de avión, alojamiento y todo. El tiempo pasa rápido y no podré quedarme más de una semana, del 8 al 13 de junio. ¡Roma, aquí me tienes! Y en medio de todo, la información que cada EESA debía recolectar. José “Pepe” Prado Flores, fundador y director internacional de las Escuelas de Evangelización San Andrés, ha deseado y planificado desde hace mucho tiempo este encuentro. El mismo invitó a responsables nacionales a vivir esta experiencia.
Tendría un poco de tiempo libre para visitar, orar, vivir unos encuentros. Roma es una ciudad fascinante, tantas cosas para ver, visitar, lugares para descubrir. Pero el deber llama: el miércoles tendríamos una reunión de los miembros de la EESA presentes en Roma. Era un tiempo de preparación para la audiencia, pero más que todo, un momento de compartir de nuestras diferentes realidades. Nuestro grupo cuenta con gente de África, Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Hungría, Italia, México y Ucrania. Venimos de diferentes lugares, de realidades muy diversas, pero a través de todo se siente una fraternidad y una unidad porque somos de la misma Escuela. ¡Somos todos Escuela de Evangelización San Andrés!
¡El gran día llegó, jueves, día de audiencia! El grupo se encuentra a las 10 porque debemos presentarnos a la seguridad. Una larga espera de más de una hora, esperando, temerosos, pero también intercambiando como si fuéramos familia. Un ambiente de gran amistad nos une. Y llega el momento, entramos en el palacio pontifical, con unas grandes gradas por subir, salas por atravesar. Un tiempo de oración está previsto en la sala de espera, pero no será así. Nuestra espera es demasiado corta, unos cinco minutos apenas, y las puertas se abren. Tengo el corazón que late fuerte; ya es una realidad, ¡es el momento! La gente se apresura para entrar, yo detrás, apreciando este momento en el cual me acerco lentamente hacia el Papa. Ya es mi turno; Pepe me presenta, digo unas palabras a nuestro Papa Francisco, estoy conmovida hasta el fondo del alma. Me da la mano, me da la bienvenida con una sonrisa bellísima… ¡uff! Todavía trastornada, me dirijo a la biblioteca; seré una de las últimas, eso quiere decir a 7 o 8 sillas del Papa. Me siento muy cercana. Quisiera mirarlo, vivir este momento con tranquilidad. ¡Impresionante! Está vestido sobriamente, escucha atentamente… no me bastan mis dos ojos para ver todo ni mis dos oídos para captar todo. En la biblioteca, quedaremos solos nuestro grupo de 19 personas con el Papa Francisco. Nos sentimos en familia, un espíritu de fraternidad reina y después de una presentación oficial dirigida por Pepe, vienen las palabras del Papa.
El Papa empieza a partir de lo que hemos compartido, sin texto escrito, espontáneamente. Nos habla sencillamente, como a cercanos, pero eso no le impide ser muy interpelante y contundente. Nos dice: “¡Evangelizar es una locura!” Nos invita a ponernos en camino, a dar gratuitamente lo que hemos recibido gratuitamente y a servir. Un llamado a la superación y a la capacidad de abrirse a la gracia. Lo que más me impactó fue cuando dijo: “Evangelizar es exigente, pero más difícil aún es decir “sí” a las sorpresas de Dios.” Es una invitación a ser capaz de acoger lo que nos desestabiliza cuando difiere de mis propios proyectos y planes. Dios es generoso y ¡se debe decir “sí”!


Es un momento difícil de describir, pasa tan rápido, pero es tan pleno al mismo tiempo. Después, será el momento de entregar regalos por las personas designadas. Miro la fila y ya entregué mi lata de miel de arce al entrar… No puedo creer que no le daré nuevamente la mano también. Me acerco, y justo delante de mí, está Angela de Brasil. Entregando su regalo, pide al papa el permiso de darle un abrazo. La respuesta positiva de él será el impulso que me dará la audacia de ponerme en fila con todos. Frente al Papa, le digo: “No tengo regalo, pero quiero saludarle en nombre de toda la gente de Canadá que lo ama mucho. Puedo darle el abrazo?” –“¡Con mucho gusto!” me responde espontáneamente y con la sonrisa. Y he aquí que abrazo a nuestro buen Papa Francisco. ¡Es increíble! El encuentro sigue con el Papa que entrega a cada uno un rosario y antes de despedirnos, saludará cada uno. Qué difícil describir todas las emociones que viví.
Casi no puedo creer lo que acaba de pasar. Estamos conmovidos, emocionados, profundamente tocados. La audiencia duró más de 35 minutos. ¡Saludamos al Papa 4 veces! En mi corazón surge una sola palabra: “¡wow!” Terminamos el día con un almuerzo. Todo el mundo habla al mismo tiempo. Un viento de alegría y acción de gracias sopla sobre nosotros… ¡Tanto que pierdo el apetito! A pesar de las súplicas de Ada, una de las responsables de Italia, que me invita a comer, no comeré todo… ¡ya estoy llena!
Doy gracias al Señor por esta experiencia increíble: un encuentro con el Santo Padre pero un encuentro de un grupo fraternal. ¡Un encuentro de colaboradores y amigos que comparten una misma misión! ¡Doy gracias por todos los que prepararon esta experiencia! ¡Gracias a Pepe, el fundador de las Escuelas de evangelización San Andrés!

¡Gracias, Señor!
¡Biscum!

Suzanne Guérard